EMPODERAT SERIES #004: LA REGLA DE ORO

De vez en cuando me pregunto si hay alguna regla de oro  en la vida de una persona. Un patrón universal que funcione en todo ser humano independientemente de su condición. Algo parecido a la gravedad, pero aplicado a la conducta humana.

Una regla simple y sencilla, que de ser cumplida convertirá una vida cualquiera en una buena vida, y de ser voluntariamente omitida o ignorada, convertirá una vida cualquiera en una pesada carga.

Después de escrudiñar tal incógnita suficiente tiempo descubrí que ya estaba resuelta. Desde hace miles de años. La respuesta estaba en todos lados, en cada rincón. En el trabajo, en la televisión, en la guardería, en el parque, en el instituto, en el colegio, en la panadería o en la taquilla del cine.

La regla de oro, no la vayan a olvidar nunca, es la siguiente:

Sirve primero

¿Qué significa?

Significa confundir el “yo” con el “nosotros”. Significa fluir hacia fuera y no hacia dentro. Significa establecer el dar como única y verdadera misión en la vida. Todo lo demás es ornamental.

Aquel que sirve primero, acaba siendo favorecido. Acaba arriba, acaba feliz. Servir primero es la mejor forma de avanzar, de despegar como un cohete.

Servir a ellos es servirte a ti.

Sirviendo primero, estarás servido, no te quepa la menor duda.

Pero cuidado, no pidas después de servir. No ​porque pedir esté mal, sino por ser innecesario. No le pedirías a la gravedad que te devuelva la manzana que lanzaste al aire. Sabes que bajará. Igual ocurre con el servicio. Volverá: a tiempo o destiempo, de una forma u otra, con éste disfraz o aquel otro.

Pero volverá. ​

Todos tenemos algo que servir. Sonreír a tu vecino es servir. Dejarle el último trozo de salchichón a tu hermano es servir. Sacar al perro es servir. Los diez céntimos de propina que dejaste al camarero. Las gracias que le diste a tu profesor. Cuando le cediste el paso a la señora.Todos ellos fueron actos de servicio que no cuestan gran cosa.

Hasta el estudiante está sirviendo, solo que él todavía no lo sabe. ​

Servir es una actitud, una disposición. No tiene que ver con el rico ni con el pobre. El servicio es un estado mental. El mendigo y el eurodiputado pueden servir. ​

No necesitas ser un filántropo para servir. Solo necesitas cambiar tu estado mental del “yo” al “nosotros”, para finalmente darte cuenta que estos dos pronombres indican una misma cosa.

Para servir primero tienes que modificar las preguntas que te haces. Una buena forma de empezar es cambiar el: ¿qué puedo obtener yo de esta situación?, a un ¿qué puedo aportar yo a ésta situación?

Este cambio tan simple es, prácticamente, todo lo que necesitas saber en la vida.

Servir y recibir son las dos caras de la misma moneda. Cuando sirves, recibes. Pero tienes que servir primero.

No se trata de estudiar los primeros 20 años de tu vida para aprobar una oposición y tener el resto de tu existencia un estipendio a final de mes que te permita subsistir.

Ese no es el juego.

El juego es servir. El juego es aportar. El juego es encontrar qué te hace diferente y ponerlo a disposición de los demás. Porque esa diferencia es tuya. Es exclusiva. Solo tú puedes encontrarla y solo tú puedes ofrecerla.

Si quieres no tener que preocuparte por subsistir, empieza por servir. A todas horas. De todas las maneras. No hay mejor obsesión que esa.

No tiene que ver con la religión, con ser espiritual, con ser buena o mala persona. Servir no tiene que ver con nada de eso. No tiene que ver con el cielo o con el infierno. Descontextualiza el servir.

Míralo como miras a la gravedad. Es una ley, siempre ha estado ahí, siempre lo estará.

La ley del servicio es igual. Si te adhieres a ella, tendrás una buena vida. Si la eludes, tiembla. Quien sabe por qué razón esto es así. Quizás la respuesta esté en que donante y receptor son la misma entidad disfrazadas de forma distinta.

Quien sabe. No es necesario saberlo. Aún sin entender la gravedad, sigue funcionando. ​

Servir no es una forma más de vivir, es la única forma. Si optas por no hacerlo, pagarás las consecuencias. Tarde o temprano. Y sin excepciones.

Servir es el precio que vale el alquiler aquí en la tierra.

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