EMPODERAT #001: CEREBRO VS CONCIENCIA

El cerebro, ese amasijo gelatinoso y resbaladizo, ese ente al que tanto admiramos, es un cabronazo. Un desgraciado. Un malparido.

Él es el culpable de que te quedes pegado como un velcro a tu almohada, asustado de prescindir nuevamente de tu (falsa) seguridad, asustado de entrar otra vez en el mundo de los depredadores.

El cerebro, ese asqueroso impostor, es el culpable de que te revuelques en el montón de mierda que tú mismo creaste en base a conclusiones y aserciones imaginarias.

Es el tirano que te convence de que tomar riesgos, bueno, es arriesgado…

Es el desgraciado que te hace cambiar el foco desde tus pasiones a lo que es “razonable” o a lo que ellos esperan de ti.

Es el malnacido que te insta a abrir la nevera y atiborrarte de la misma basura que te enfermó ayer. Una y otra vez. Él no entiende de piedad.

Es aquel ente sobreprotector hasta extremos nauseabundos, injusto hasta la médula, que permite que los sueños siempre sean siguiendo sueños.

Que considera las ambiciones insanas.

Que te recuerda una y otra vez que no eres suficientemente bueno.

Que el mundo es cruel.

Que las oportunidades escasean.

Que vivimos en una jodida batalla Darwiniana por la supervivencia.

Las mentiras más pútridas que escucharás a lo largo de tu vida no saldrán de la boca de tu vecino, de tus rivales políticos o de tu suegra. Te las contará tu cerebro. ​

Maldito cerebro, óyeme: si pudiera arrancarte de mi cráneo, lo haría sin dudar.

La conciencia, sin embargo, es luz. La conciencia es todo lo que eres, todo lo que serás y todo lo que siempre has sido.

Sin cerebro no hay conciencia, pero ésta es infinitamente mayor que el cerebro.

La conciencia te permite elegir, te permite manifestar, crear, trascender.

Nunca observarás la conciencia, porque ella misma es el instrumento observador. La conciencia no se observa, la conciencia no se busca, la conciencia se es.

La conciencia es tu única salvación, la única y más elegante manera de deshacerte de la tiranía del cerebro.

La conciencia, tan evidente, incomprendida y subestimada, es todo lo que se te ha otorgado en esta partida que te toca jugar.

Úsala bien.

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