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¿Por qué es tan reticente la Medicina a la suplementación deportiva?

Una situación incómoda

Entras a la consulta de tu médico de atención primaria. Te sientas.

Todo parece ir bien. Un simple resfriado te ha llevado allí. Nada grave.

Te hace algunas preguntas. Te ausculta. Te indica un antitérmico pautado cada 8 horas.

Sin problema.

Oh, espera. En la analítica la creatinina y transaminasas están en el límite superior de la normalidad, lo cual hace reflexionar al facultativo al no tratarse de un “patrón de normalidad” en un chico joven y deportista.

-¿Tomas algún suplemento que no me hayas contado?

Empiezas a sentir que has hecho algo mal. 

-Sí, tomo proteína de suero después de entrenar. 

-¿Cómo? ¿Cosas de gimnasio?

-Bueno, la compré en una tienda de suplementos.

-Tienes que dejar de tomarlo ahora mismo

La situación se vuelve algo tensa. Sales aleccionado de la consulta. Te aconsejan, que bajo ningún concepto, tomes suplementación “de gimnasio”.

¿Os ha pasado alguna vez?

En el año 2018 esta situación sigue perpetuándose en los diferentes centros de atención primaria, especialidades y hospitales. Recibo mensajes casi a diario de chicos y chicas, normalmente jóvenes y deportistas, que se encuentran en esta situación.

He llegado a ver de todo. Equiparar proteína de suero a esteroides androgénicos, decir a un paciente que perderá un riñón si toma creatina o  animarle a que solo coma proteína en una de las principales comidas si quiere mantener la salud de sus riñones.

Hoy vamos a analizar, desde una posición lo más empática posible, el por qué de esto.

¿Por qué a día de hoy sigue existiendo tanta reticencia por parte de algunos profesionales de la salud, normalmente médicos, hacia la suplementación deportiva?

Antes que nada creo que es honesto decir que a mí me ocurrió una situación muy similar a la previamente descrita en mis años adolescentes. Esto me hizo reflexionar mucho, posteriormente investigar y a día de hoy, divulgar lo aprendido.

En el post de hoy vamos a intentar meternos en la piel de estos profesionales y así entender el por qué de sus recomendaciones.

Sobra decir que los motivos aportados son una reflexión del autor y que tienen un carácter totalmente subjetivo.

6 MOTIVOS POR LOS QUE A TU MÉDICO NO LE GUSTA LA SUPLEMENTACIÓN DEPORTIVA

1. Desconocimiento y falta de formación. 

Es duro asumirlo para los que nos situamos al otro lado de la mesa (los profesionales), pero no estamos formados para todo. El ego de los médicos, hipertrofiado más frecuentemente de lo que debería, impide asumir lo evidente: no sabemos sobre deporte, entrenamiento, actividad física, planificación deportiva, nutrición y por contigüidad, suplementación deportiva.

Esto se podría suplir de forma más o menos válida incluyendo alguna asignatura, incluso aunque fuera optativa, durante la carrera de Medicina.

Pero no ocurre así.

De esta forma tenemos cientos de médicos egresados todos los años que conocen las rutas metabólicas más complejas, las enfermedades más raras y los tratamientos farmacológicos más novedosos, pero no saben dar unas pautas de ejercicio físico BÁSICAS a los pacientes que tienen delante.

Siendo el ejercicio físico una polipíldora que previene hasta 26 patologías (1), esto es difícilmente justificable. Así que cuando tu médico te frunza el ceño al hablarle de proteína o creatina, piensa que para él es algo desconocido, que no controla “posologías” recomendadas, que no conoce los potenciales beneficios y da por hecho algunos riesgos.

2. La regulación comercial de los suplementos es mucho más laxa que la de los fármacos.

En este punto rompo una lanza a favor de mi gremio.

En cuanto a regulación comercial y garantías de seguridad y calidad, la industria de los suplementos deja MUCHO que desear.

A día de hoy, hemos visto de todo, desde proteína y otros suplementos adulterados con otras sustancias dopantes, hasta etiquetas que no cumplen con el % de proteína prometido, “rebajando” la cantidad de proteína aportada por scoop de formas poco éticas, hasta sustancias comercializadas que rozan el límite de lo legal, y otras muchas retiradas del mercado por efectos adversos importantes.

Sí, esto también ocurre con los fármacos, diréis, y muchos han tenido que ser retirados de la misma manera. Pero al menos, en el mundo de la farmacología, los médicos tenemos un sistema perfectamente estructurado, cada vez más regulado y con ciertas garantías de que lo que se comercializa es seguro para el paciente.

Y lo más importante de todo: sabemos como funciona el sistema. Y eso nos da tranquilidad.

Con los suplementos no podemos decir lo mismo.

Por lo tanto, cuando tu médico sea reticente a que tomes este tipo de sustancias, piensa en que su intención es protegerte de potenciales “efectos adversos” de dichas sustancias. Si queréis obtener información de calidad sobre regulación legal de suplementos y prácticas fraudulentas, os recomiendo la actividad online de Jose Kenji, un chico que domina bien este mundo y tiene mucho futuro por delante.

3. Falsas asociaciones con el culturismo underground y prácticas de dopaje. 

Para la Medicina, el mundo de los suplementos y del “músculo” se asocia directamente con algunas subculturas underground no demasiado bien consideradas.

El culturismo no ha tenido muy buena prensa dentro del ámbito médico, en parte de forma justificada por las prácticas abusivas e insanas llevadas a cabo por parte de este colectivo: dopaje implícito y explícito, trastornos de la conducta alimentaria, preparación para competición que son un atentado a la fisiología, toma de fármacos sin control, cargas y volúmenes de entrenamiento que facilitan la lesión enormemente y un largo etcétera. 

En definitiva, si somos sinceros, el mundo del culturismo y otros deportes relacionados con la cultura del músculo ha dado motivos más que suficientes a la Medicina para que se nos arrugue una ceja cuando alguien entra por la puerta contando ciertas prácticas.

Eso sí, cada vez tenemos más claro que el músculo como órgano es fuente de salud, que tenemos que preservarlo en la mayor medida posible, que el entrenamiento de fuerza es vital para mantener y optimizar la salud y que se puede ser culturista sin comprometer tu salud, por muy cuestionable que a algunos le parezca.

4. Contaminación cruzada con otras sustancias.

No será la primera ni la última vez que en las noticias aparece un titular mencionando algo así como “retirada de X suplemento por contener trazas de Y sustancia dopante”. Esto es una realidad.

Existen los suplementos adulterados, en parte por la laxa regulación de la industria de los suplementos.

Esto, como comprenderéis, da miedo a los señores y señoras de la bata blanca. Por ello, si vas a suplementarte, busca una marca de confianza que se vea sometida a controles periódicos y exhaustivos y que se acoja a la normativa legal vigente, como es HSN.

5. Asociación de proteína y enfermedad renal crónica.

Este es un tópico del que no conseguimos deshacernos de forma definitiva.

Aún, a día de hoy, el grueso de profesionales de la Medicina sigue teniendo un convencimiento firme de que la proteína “en exceso” en personas sanas puede facilitar o acelerar la aparición de enfermedad renal crónica.

El problema es que ese “exceso” no está bien definido y que la mayoría sigue acogiéndose a las, demostradamente insuficientes, recomendaciones de 0,8 grs/kg de peso corporal.

Recientemente, otro metaanálisis nos trajo la misma conclusión que ya conocíamos: las dietas altas en proteína en personas sanas y sin patología renal pre-existente NO producen deterioro de la función renal (2).

La cosa cambia si posees alguna alteración de la función renal, eres monoreno o tienes antecedentes familiares de enfermedad renal. En ese caso, yo me mantendría en el lado de la precaución y me mantendría en rangos de 1-1.2 grs/kg peso corporal.

6. Falta de empatía con el deportista y sus objetivos. 

La población general es sedentaria y no deportista. 7 de cada 10 adultos son sedentarios.

En el ámbito médico existe, por mucho que os sorprenda, una gran prevalencia de sedentarismo, tabaquismo, mala dieta y estrés crónico. Esto está parcialmente justificado por las condiciones laborales tan duras a las que a veces estamos sometidos, pero por otro lado, siempre he sido de la opinión de que un profesional de la salud no puede pasar consulta con una coca-cola encima de la mesa (lo he visto).

Existe una relación directa entre los hábitos de vida del profesional y la probabilidad de que prescriba ejercicio al paciente, como evidencia este estudio.

Dicho esto, existe una falta de empatía y entendimiento con el deportista que tenemos delante. Para un deportista, sobre todo si compite, el ganar, mejorar y progresar lo es TODO.

Si hay alguna estrategia que aporte un 5% de ventaja respecto a no llevarla a cabo, LA LLEVARÁ A CABO.

Esto es algo que frecuentemente no entendemos los que nos situamos al otro lado de la mesa. ¿Para qué quieres tomar proteína? ¿Para qué quieres entrenar 3 horas al día? ¿Por qué estás tomando 180 grs de proteína diarios?.

Trabajamos frecuentemente con personas enfermas que darían todo por llegar a una situación basal de salud. Cuando alguien quiere alcanzar un estado supra-basal de salud, nos descoloca.

Igual que empatizamos con el cantante profesional que sacrifica el tiempo con su familia por irse de gira, o entendemos el riesgo que corre un piloto de fórmula uno en cada carrera, deberíamos ser más comprensivos con el estilo de vida elegido por cada uno.

Esto se ve reforzado aún más cuando comprobamos que la mayoría de personas deportistas, de competición o no, se preocupan mucho más por su salud que el ciudadano medio, por lo que el potencial perjuicio derivado de prácticas “que se alejan de la normalidad” se vería en todo caso contrabalanceado con unas mejores decisiones respecto a estilo de vida.

Además, incluso los atletas de élite tienen mucho menor riesgo de enfermedad crónica a lo largo de su vida respecto a población sedentaria, por muy “alejado de la salud” que se encuentren algunas prácticas (3).

7. Alteraciones analíticas del deportista interpretadas como patológicas.

Es bien sabido que el deporte, especialmente llevado a cabo a intensidades y volúmenes de trabajo elevados, produce un compendio de alteraciones analíticas que podríamos definir como “analítica del deportista”.

Resumiendo, existen diferentes enzimas como CK o transaminasas que podrían aparecer elevadas en respuesta a un entrenamiento intenso sin suponer una patología siempre y cuando dicha elevación entre dentro de márgenes razonables.

La creatinina y urea, al estar directamente relacionadas con la masa muscular y la ingesta proteica, también pueden situarse en el margen superior de la normalidad o estar levemente elevadas en deportistas, frecuentemente varones dedicados a deportes de fuerza/potencia.

En el espectro de la resistencia, la bilirrubina también puede elevarse por enzima de valores estándar por los microtraumatismos repetidos que supone la carrera de larga distancia, por ejemplo.

Cuando tu médico ve estas alteraciones, una bombilla de alarma se enciende en su cabeza. Como en todo, el conocimiento de las mismas es clave para no encender las alarmas y asustar al paciente.

Entonces: ¿los suplementos son malos?

Los suplementos son suplementos.

Ni malos ni buenos.

Son herramientas que, utilizadas de forma adecuada, pueden tener un beneficio, que siempre será secundario, ya hablemos de salud, rendimiento o estética, a unos adecuados hábitos de vida.

Tomando el ejemplo de la proteína de suero, ampliamente consumida por gran parte de la población deportista, tómala en el caso de que te sea difícil o poco práctico llegar a tus requerimientos de proteína diarios con alimentos convencionales, quieras ganar masa muscular o estés tratando de perder grasa.

En todos estos casos y para aportar números redondos, el consumo puede variar desde 1 a 2 grs/kg de peso corporal, con variables como volumen de entrenamiento, intensidad, tipo de entrenamiento, % de grasa corporal y masa magra, modulando si tu recomendación se acerca más al 1 o al 2.

Por supuesto, también hay evidencia suficiente, que todos los médicos deberían leer, acerca de los potenciales beneficios, por mencionar alguno, de la proteína WHEY en condiciones clínicas como patología cardiometabólica, sarcopenia o disminución de la fragilidad en ancianos (4–8).

Llegará el día, en el que el médico considere a la suplementación deportiva de la misma forma que la suplementación estándar que utilizamos a diario con nuestros pacientes (hierro, ácido fólico, vitamina D, omega-3, fórmulas nutricionales, por mencionar unas pocas). Solo es cuestión de tiempo y formación.

Mientras tanto, espero que este artículo os haya dado una visión diferente de la Medicina y los suplementos.

A seguir empoderando!

BIBLIOGRAFÍA

1.  Fiuza-Luces C, Garatachea N, Berger NA, Lucia A. Exercise is the Real Polypill. Physiology. 2013;28(5).

2.  Devries MC, Sithamparapillai A, Brimble KS, Banfield L, Morton RW, Phillips SM. Changes in Kidney Function Do Not Differ between Healthy Adults Consuming Higher- Compared with Lower- or Normal-Protein Diets: A Systematic Review and Meta-Analysis. J Nutr [Internet]. 2018 Nov 1 [cited 2018 Nov 26];148(11):1760–75. Available from: https://academic.oup.com/jn/article/148/11/1760/5153345

3.  Laine MK, Eriksson JG, Kujala UM, Kaprio J, Loo B-M, Sundvall J, et al. Former male elite athletes have better metabolic health in late life than their controls. Scand J Med Sci Sports [Internet]. 2016 Mar [cited 2018 Nov 26];26(3):284–90. Available from: http://doi.wiley.com/10.1111/sms.12442

4.  Marshall K. Therapeutic applications of whey protein. Alternative Medicine Review. 2004.

5.  Luhovyy BL, Akhavan T, Anderson GH. Whey Proteins in the Regulation of Food Intake and Satiety. J Am Coll Nutr. 2007;

6.  Volek JS, Volk BM, Gómez AL, Kunces LJ, Kupchak BR, Freidenreich DJ, et al. Whey Protein Supplementation During Resistance Training Augments Lean Body Mass. J Am Coll Nutr. 2013;

7.  Tang JE, Manolakos JJ, Kujbida GW, Lysecki PJ, Moore DR, Phillips SM. Minimal whey protein with carbohydrate stimulates muscle protein synthesis following resistance exercise in trained young men. Appl Physiol Nutr Metab. 2007;

8.  Devries MC, Phillips SM. Supplemental protein in support of muscle mass and health: Advantage whey. J Food Sci. 2015;

Entropía, Ambiente, Salud y Enfermedad

Segunda ley de la termodinámica:

La cantidad de entropía del Universo tiende a incrementarse con el tiempo.

La entropía, ese extraño concepto físico del que tanto se habla, es una medida del desorden de un sistema. Un concepto que monitoriza el nivel de caos del que hace acopio un sistema.

En cualquier sistema,por tanto, tal y como define la segunda ley de la termodinámica, existe una tendencia al desorden, al caos, a la decadencia y descomposición de sus elementos constituyentes en partes cada vez más sencillas.

Los sistemas biológicos no se escapan de este principio físico de ninguna de las maneras: los árboles mueren, la maleza crece en tu bonito y ordenado jardín, las arrugas aparecen, los huesos se desmineralizan, los miocitos de tu cuadriceps se atrofian.

El desorden es una garantía. El mantenimiento del orden requiere un continuo esfuerzo.

Siempre lo requerirá.

Existe una frase que escucho de vez en cuando y que me tensa bastante y es esta: “el estado natural del ser humano es la salud, estamos hechos para estar sanos”.

Existe una ingente cantidad de personas que dan por hecho su estado de Salud, sin advertir que la entropía (tendencia al desorden) siempre está trabajando.Dar por hecho que tendrás Salud, o que te pertenece sin dar nada a cambio, es el peor error que puedes cometer en tu vida.

Por otro lado, el ambiente o ecosistema donde desarrolla su actividad un individuo, determina en gran medida su estado de Salud o enfermedad.

Cuando ponemos en una placa de Petri a un grupo de células rodeadas de tóxicos, las células mueren una a una. Si las situamos rodeadas de nutrientes, las células prosperan hasta sus límites biológicos.

Al ser humano le pasa lo mismo. Un estado de Salud sería lo esperable y una consecuencia natural de la actividad humana si todos los Homo Sapiens viviéramos en las denominadas “zonas azules”, como Sardinia (Italia), Pipppi (Italia), Ikaria (Grecia), Okinawa (Japón), Nicoya (Costa Rica) o Loma Linda (California), y además actuáramos como sus habitantes.

Los habitantes de estas preciosas áreas del planeta Tierra se caracterizan por comer alimentos no procesados o míniminamente procesados, tener una actividad física increiblemente alta, respetar ritmos circadianos de luz-oscuridad, hacer gala de una cohesión y soporte social envidiable entre los miembros de la sociedad, pasar tiempo a diario en la naturaleza, tener un propósito definido al que agarrarse (Ikigai, en Okinawa), estar libre de contaminantes ambientales y un largo etcétera que facilita enormemente la tarea de mantener un estado de salud óptimo.

No es de extrañar que su esperanza de vida media sobrepase los 90 años. La entropía allí lo tiene más difícil, son ecosistemas resilientes que favorecen el estado de Salud.

Entonces, tenemos por un lado la omnipresente segunda ley de la termodinámica diciéndonos que todo se deshace poco a poco si no empleamos energía para mantener el orden, por otro el ambiente determinando en gran medida nuestro sino, y por último: una cohorte de personas que se des-responsabilizan de mantener su salud porque, quiero pensar, la toman como un derecho propio e inalienable que nadie les puede quitar.

Hasta que se la quitan.

Los seres humanos no tenemos derecho a la salud, tenemos derecho a la protección de la Salud.

Nadie te garantiza un estado de Salud. Eso sí, si no inviertes esfuerzo y energía de forma constante en mejorar tu salud,consciente o inconscientemente, te puedo garantizar un estado de enfermedad.

Nadie te puede garantizar relaciones felices. Ni que no tengas Cáncer. Ni que quedes libre de un infarto o ictus. Ni que seas económicamente independiente.

Pero si no haces nada, si no inviertes energía en lo contrario, el maldito principio físico hará de las suyas creando caos en tu vida.

Más tarde o más temprano.Así de cruel es la entropía.

En Occidente, estamos expuestos continuamente a comida ultra-procesada con una altísima disponibilidad, nuestra cultura nos incita a ser productivos y trabajar por encima de todas las cosas (normalmente en cuestiones que no nos incumben ni nos gustan), los contaminantes ambientales se cuelan hasta el váter de tu casa, vivimos en deprivación de sueño constante, somos sedentarios y el poco ejercicio que hacemos, lo solemos hacer mal; Nuestros rítmos circadianos están echados a perder, y podría seguir con una larga lista de agentes estresores que contribuyen a esa entropía, a esa fuerza que juega a promocionar el caos y el desorden en nuestras vidas.

Mantener la Salud pasa por una continua lucha contracorriente, pasa por evitar de forma activa todos esos elementos que juegan en nuestra contra y que tan omnipresentes son en nuestra vida.

Y después de todo, aún existen personas que piensan que un estado de Salud óptimo es un derecho que nadie les puede quitar.

Nadie te puede garantizar el orden. Eso sí, si sigues ahí quieto, mirando, dando por hecha tu vida, te puedo garantizar el caos.

Mantener tu Salud es el trabajo no-remunerado más importante de tu vida.